3/06/2008

Maldinga perra malagradecida


Mayo 24 de 2008 / El bombero de la estación de gasolina no quería mirar para atrás y mi esposa Diana no paraba de decir: “Ay la cogió ese carro, ay qué pesar”. Ya me imaginaba yo a esa señora descuajada al pasar de una llanta de automóvil.

Era una mona perrita criolla, atropellada por un irresponsable motociclista que huyó dejandola en mal estado, aturdida por el golpe, con el hocico sangrando, la columna desviada y una pata al parecer fracturada. Sucedió a la altura de la estación de gasolina en Cabañitas en Bello, un accidente que causó, por cortos instantes, un taco en la autopista norte. Sólo una pareja de motociclistas y un conductor de carro la auxiliaron, mientras otra perrita a la orilla de la vía ladraba como pidiendo auxilio para su congénere.

Allí comenzó un carrusel de llamadas a las entidades que creíamos, podían auxiliar el herido animal. Llamamos al 123 de Metroseguridad que nos prometió pronta ayuda. Pasaron 10 minutos, llamamos nuevamente y nos remitieron a Bomberos Medellín, quienes nos trasladaron a Bomberos Bello, que a su vez nos remitieron a una oficina de rescate animal, dependencia con la que nunca nos pudimos comunicar. Una patrulla de la policía pasó y no atendió las señales de nuestro llamado pasando de largo.

Nuestra espera se hacía larga y ninguna entidad acudía a auxiliar este animalito que no por menos, tenía derechos como ser vivo que es. Nuevamente llamamos al 123 y esta vez nos dijeron de manera directa que no tenían ingerencia en el suceso, pero que de todos modos ya habían ingresado la novedad y que llamáramos a Bomberos de Bello quienes nos podrían auxiliar. Llamamos nuevamente a los bomberos y después de repetirnos el teléfono donde nunca contestaron y de llamar ellos mismos a esa entidad que podía socorrer emergencias animales, nos dijeron que en ese teléfono no contestaban y que lo sentían, pero que Bomberos Bello no tenía personal especializado para atender nuestro pedido.

Terminamos una espera de 45 minutos, impotentes ante un auxilio que nunca llegó y cuando ya estábamos tomando la decisión de partir a nuestros destinos un poco tristes por abandonar la perrita que reposaba agazapada bajo un arbusto, temblorosa y sangrante, salió sin apegos ni despedidas caminando muy oronda rumbo a cualquier lugar, sin mayor cojera que la que tenía la compañera del motociclista que la auxilió y con su columna ya en mejor estado. Lo único que pudimos hacer fue reírnos copiosamente ante tal desagradecimiento. No ladró como para despedirse, ni nos miró como en agradecimiento, salió sin más ni más.

Pero nos quedó la rabia y la duda: ¿Quién entonces atiende estos casos?, ¿quién responde?, ¿quién auxilia a estos seres que sienten dolor como nosotros?, ¿No es el 123 la entidad que redirecciona las llamadas de emergencia que hacemos los ciudadanos de a pie?. Tal vez la “sabiduría animal” le dijo a esta criolla amiga que la ayuda nunca llegaría y prefirió no esperar más y partir.

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