12/03/2008

Manada de Biciosos



Tres cosas eran un escándalo en los setentas en mi ciudad, propiamente en manrique, el barrio donde nací:
  • Un marihuanero
  • Un marica
  • Un evangélico

¡Cómo cambian las cosas! Los marihuaneros ya no abundan como antes y son los portadores de la llama de la naturalidad, de lo sencillo y lo básico. Ya no se "ocultan" en esquinas visibles, ni se paran como las grullas ante una pared, flexionando la pierna derecha y poniendo el pie en la pared. Conchudos ellos, desfilan como fumando cualquier rubio. Hoy día la cosa es sintética, plástica y de moda.

Los maricas ya no se llaman maricas, sino que hoy son "Gueiz", así, con zeta. Hoy son amados por las agencias de publicidad porque son los que más consumen. Hoy son caballerosos, envidiados, atentos, educados, civilizados. En los setentas, los maricas eran afeminados, estravagantes, tipo travesti y cuando pasaban les gritaban: loca, voltiado, rorro, ay querida y ellos volteaban la cabeza y te despreciaban con su cabello y su mirada. Hoy solo les dicen: Buen día don Gustavo, hola Eduardo, qué más Felipe, etc.

Y a los evangélicos hoy les llaman cristianos. Tienen plata, se acicalan con colores y joyería, asisten a grupos de oración. En los setentas, el término EVANGÉLICO era despectivo y creo que aún hoy es así. A uno le decían: Vea, vaya onde los evangélicos y traiga un litro de leche. O cerrá la puerta que ahí vienen los evangélicos. O como la publicidad que promocionó la iglesia católica dirigida contra esta línea del cristianismo: NO INSISTA, AQUÍ SOMOS CATÓLICOS, así, en mayúscula sostenida y en negrita.

Nota: No soy homofóbico y fuí criado católico y evangélico. Pa que después no digan...

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