31/07/2007

Laberintos de color















Una mirada al Hueco en Medellín

Por Carlos Múnera

A mil, a mil, a mil la docena. Tres aguacates en dos mil, ¿Qué zapato estaba buscando el joven? Venga pruébeselo sin compromiso. Dividí, dividí, emepetrés. Lleve la media a quinientos, la media a quinientos. ¿A cómo el mango? Echámele limoncito por favor. Pitos que suenan, motores que rugen, venteros que arañan aceras, caminos y escondrijos que llevan a otros mundos, canales del tiempo, recovecos populares, estética e imagen.

El Hueco en Medellín, un laberinto de caminos amado por quienes buscan rendir veinte mil pesos en mudas domingueras o comprar unas chanclas en tres mil, comprarse un caldo y el seco en dos mil quinientos según los precios en la Minorista. El Hueco en el centro, laberinto de miradas y de golpes de sudor, de eternas compras y felicidades infantiles. De zapatos con olor a chicle y aretes de un falso murano.

Para mí sin embargo, se convierte en la fuente primaria de estéticas urbanas, de manifestaciones del arte popular. El Hueco con sus enredados pasadizos me prepara en cada visita, un surrealista viaje a través del color y la forma, de la mirada y el roce, de los gritos y su mercadeo. ¿A cómo tiene esa “piyama”?

En el hueco paso bien porque recorro mundos ajenos, miradas esquivas, susurro de chismes ajenos. Esta zona de la ciudad me recuerda lo humano que somos cuando se tiene que llevar aguapanela a la casa, cuando hay que hacer rendir salarios indecentes, cuando se quiere a los de la casa oliendo a nuevo.

Pero es la estética mi mayor contemplación en mis caminadas diarias. Son las verduras organizadas por color y forma, es el plátano emparejado con otro hermano, son las mandarinas con sus amarillos tiznados de verde, montadas una sobre otra a quinientos la pila. Que sean dos docenas por favor y cámbieme esta que esta malita.

Son las pintorezcas casetas de venta ambulante sobre carritos de bebé, empujadas ahora por tenderos móviles y vendedores de tinto a doscientos. Es el nombre de la caseta y su mala ortografía, con públicos que no advierten tales detalles. Clientes que sólo buscan comprar con los diez mil pal día, un juego de ganchos para colgar la ropa, un bluyín para jairo que cumple ocho años y una sopita de fríjoles porque no alcanza para más.

Son los colores vivos, los rojos, amarillos y azules en sombrillas que cubren caras, en el sol que se cuela donde le dejan, en piñas y manzanas a la venta, en salpicones que endulzan caminadas, en las ropas todas que se exhiben, en cobijas de indios enemigas del verano. En sandalias exhibidas como escamas, en plateadas ollas baratas. Rojos, blancos, verdes, colores todos. Vida. Caminantes.

El Hueco está en mis afectos porque es ungüento de gente, porque convergen pobres y los que se creen ricos. Porque allí es ciudad, allí el reciclador, allí el vendedor, allí los que caminan y los que esperan bus. Está en mis afectos porque sus enculebrados atajos me llevan de una ciudad a otra, de un mundo a otro, de un cuadro a otro. Está en mis afectos porque allí es que pienso, allí veo el color, allí pruebo el sabor. Porque allí viajamos muchos con distinta talla de calzado y marca de ropa. Porque allí arreglan un reloj por cinco mil pesos. ¡Venga, me le brilla la mica!

Lo amo, por menospreciado. Porque al turista no le mostramos toda la verdad, porque lo creemos feo, lo amo porque unos pocos no lo miran, porque otros pasan y disimulan. Lo amo, porque allí están los que también son ciudad, porque allí estamos todos, allí los que votamos, los que tomamos tinto y perico en coche viajero.

Siga, adelante, estamos de promoción, lleve los remates de aduana. Adelante. Todas las tallas, todos los precios, siga.

3 comentarios:

rotabori dijo...

Quiero el hueco casi tanto como vos!!

Alejandro Cock dijo...

Buena crónica personal. Se vive el Hueco con este escrito y las fotos... Deberías colgar más imágenes, que seguro tenés...

Victor Hugo dijo...

" ...Es el nombre de la caseta y su mala ortografía, con públicos que no advierten tales detalles..."
y tambien en los "pintorezcos" blogs, gracias a las palabras que no existen